Una artista sin tiempo

Sitio Mujeres Hoy
Santiago de Chile, 2003

Los 80 años de vida de una artista excepcional, llamada Roser Bru, motivaron la exposición homenaje de su obra, en el Centro Cultural de España de Santiago de Chile. Bru, nacida en Barcelona, fue parte de los dos mil refugiados españoles que llegaron a Chile en 1939, en el famoso barco Winnipeg.

Roser Bru, que adoptó a Chile como su segunda patria, es ya una institución en el ámbito de la plástica chilena por su capacidad de experimentación, audacia y riesgo. Uno de sus mayores aciertos, según la crítica especializada, son sus trabajos en torno a Francisco de Goya, expresión de una nueva mirada al mundo del pintor aragonés nacido en 1746.

Rose Bru hace una lectura contemporánea de la obra de Goya y la dota de un nuevo lenguaje en el contexto actual. De esta manera le otorga un peso político. Vínculo inevitable que se plasmó dramáticamente durante la dictadura de Pinochet.

Y en una situación muy particular, como cuando en 1979 aparecieron en los hornos de Lonquén, una localidad cercana a Santiago, cadáveres quemados de personas desaparecidas durante el período de mayor represión de la dictadura militar. “Pinté un cuadro y luego he creado mucho con imágenes de desaparecidos”, cuenta. Testimonio elocuente de su compromiso con los derechos humanos.

Parte de este trabajo está incluido en la muestra del Centro Cultural de España, basada en tres antiguas colecciones de grabados y varias obras inéditas.

Aunque Goya ha sido un referente importante en la obra de Roser Bru, otras figuras como Kafka, Miguel Hernández, Virginia Woolf y César Vallejo, constituyen fuentes de motivación para la artista. En especial, Virginia Wolf, de quien rescata su rebeldía y compromiso con la causa de las mujeres.

Roser Bru es una trabajadora incansable. Continúa activa trabajando en el gran taller que tiene en su casa. “En las tardes pienso y de noche también” advierte. La vida y la muerte, son parte de esa reflexión. Tal vez por eso, el advenimiento de su cumpleaños número 80, ocurrido el 15 de febrero último, no la tomó por sorpresa.

A la pregunta de por qué no celebró su cumpleaños, contesta que no tenía ganas de celebrar el acontecimiento, y no porque se sintiera deprimida por haber llegado a esa edad. “Me da lo mismo. Mientras trabaje, no creo que me deprima. Uno va asumiendo todas las edades, porque así es la vida y porque nacemos para morir”.

“Una vez, un amigo me dijo que en España, en Santillana del Mar, donde se encuentran las cuevas de Altamira, vio en el dintel de una puerta la frase: ‘Morir es cierto’. Me pareció sensacional e hice toda una serie de grabados con ella”.

Desde su arribo a Chile, cuando aún era una adolescente, Roser Bru no ha dejado de pintar un solo día. El mismo año de su llegada se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de Santiago, donde estudió acuarela, pintura, dibujo y pintura mural. En 1942, al terminar sus estudios, se casó y tuvo dos hijas. En 1947, fue parte del Grupo de Estudiantes Plásticos (GEP) y donde también estuvieron artistas de la Generación del 50, como José Balmes, Gracia Barrios y Guillermo Núñez.

Esta pintora y grabadora ha sido profesora de dibujo y pintura de la Escuela de Arte de la Universidad Católica de Santiago entre 1994 y 1968, y profesora invitada al taller de pintura de la Escuela de Arte de la misma Escuela en 1989.

Roser Bru ha merecido el Primer Premio de Grabado y Dibujo, Salón Oficial de Santiago, 1958; Segundo Premio de Pintura, Salón Oficial de Santiago, 1960; Primer Premio de Pintura, Salón Oficial de Santiago, 1962; Premio Osvaldo Goeldi, II Bienal Americana de Grabado, Santiago, 1965; Premio Club de Estampa, Buenos Aires, Argentina, 1968; Gran Premio del Primer Salón de Gráfica de la Universidad Católica, Museo de Bellas Artes de Santiago, 1978.

Trabajando más allá del tiempo y las vicisitudes, la memoria de Roser Bru se mantiene inquebrantable. No ha borrado de su mente, por ejemplo, que fue un 1 de septiembre de 1939 que vio por primera vez el puerto chileno de Valparaíso. Entonces supo que empezaba para ella una nueva vida.

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